martes, diciembre 15

LA ANTIÉTICA CAMPAÑA DE LA PRENSA

Dicen que en el amor, en la guerra y en los negocios todo vale. ¿Será? Me pongo a pensar, por ejemplo, en la nueva estrategia publicitaria de La Prensa. "Nosotros sí somos bolivianos". "Somos el único periódico independiente de La Paz". Esas son algunas de las frases idiotas que se pueden leer en las páginas de este periódico y que de seguro surgieron de "brillantes" marketeros que en su puta vida hicieron periodismo. Apuntan, claro, a la supuesta venta de La Razón a manos venezolanas. Y digo supuesta porque hasta ahora ni los propios trabajadores de La Razón sabemos con certeza para quien trabajamos. Y la verdad es que a mi me importa muy poco. Ni mi trabajo ni la de mis compañeros se vio afectada hasta ahora.
Sin embargo, me parece poco ética la campaña publicitaria de la nueva La Prensa. Una cosa es competir con el rival demostrando en el papel la valía de un trabajo. Y es en esa sana competencia en la que estamos enmarcados a diario los periodistas de La Prensa y de La Razón. Pero otra cosa es atacar con saña, recurrir al recurso fácil de utilizar la venta del diario para buscar robar publicidad y lectores. "No dé sus billetitos al periódico dirigido por venezolanos", es lo que en realidad buscan difundir con su estrategia. Sería bueno conocer la opinión de los compañeros de la redacción de Villa Fátima y saber si la nueva dirección, que será posesionada en estos días, mantendrá en pie esta estupidez.

martes, diciembre 8

¿ES LA PORNOGRAFÍA CULTURA?

La discusión sobre si la pornografía es cultura está en curso en Brasil nada menos que entre los sesudos senadores de la república. Ha levantado el problema el senador Augusto Botelho, del Partido de los Trabajadores (PT) que es el partido del presidente y ex metalúrgico, Luiz Inácio Lula da Silva.
No se trata de una discusión bizantina, sino enormemente práctica y actual. Se refiere a la decisión de Lula de ofrecer a todos los trabajadores que ganen menos de 1.500 reales (unos 800 euros) un vale cultura de 50 reales (18 euros) para que se lo gasten en algo de carácter cultural. Puede ser para ir al cine, al teatro, a un concierto, comprar un libro, etcétera. ¿Y si se lo quiere gastar en una revista porno?
Ésa es la discusión que han levantado los señores senadores y que ha interesado mucho a las empresas que publican pornografía. "Revistas y periódicos son también material cultural. Y si ustedes lo piensan despacio también la pornografía es cultura" afirmó el senador Botelho que introdujo en la ley que ahora debe ser ratificada por Lula, una enmienda para que los pobres, con la tarjeta cultura que van a recibir, puedan deleitarse con publicaciones de mujeres desnudas.
En millones de pueblos del país no hay librerías, pero sí hay puestos de periódicos y revistas y nunca faltan las pornográficas. En el Ministerio de Cultura se ha llegado a reflexionar sobre qué tipo de periódicos o revistas podrían ser considerados culturales o no, pero se abandonó la idea por la complejidad de definir el concepto de cultura en una publicación.
Según la Asociación Nacional de Editores de Revistas (ANER) sólo un 3% de las más de 4.000 revistas publicadas podrían considerarse no culturales. Para los editores de revistas la lectura de éstas es el primer paso para interesarse por los libros.
El vale cultura deberá ser pagado por las empresas de los trabajadores, menos un 10% que pagaría el trabajador. Los 50 reales para cultura son lo equivalente en España a 18 euros, algo muy significativo para un trabajador brasileño cuyo sueldo base es de 520 reales (200 euros)
Después de la bolsa familia que ayuda a 12 millones de pobres y de la bolsa cultura, Lula ya está pensando en crear la bolsa teléfono para que ningún pobre se quede sin él. De ahí su popularidad que ha llegado, según el último sondeo, a un 83% (y eso al final de su mandato).
Nota publicada en El País de Madrid

viernes, diciembre 4

Y MI VOTO ES PARA...

Debo confesar que estoy en un entuerto de difícil resolución: definir mi voto para este domingo. Sí, lo sé, es un simple voto; pero me gusta pensar que ese papelito que lleva plasmada mi marca podría cambiar la historia... !Qué linda es la democracia, carajo¡ !Así de importante te hace sentir¡
Debo confesar que desde el 2005 vengo votando a favor de Evo Morales y que desde entonces —como nunca había pasado en mis 30 y pico años— he venido discutiendo y distanciándome de mi familia beniana por defender el Gobierno de Evo. Y debo confesar que quiero que él siga en la presidencia, que continúe este proceso de cambio. Sin embargo, no deseo que el MAS acapare todo el Congreso, que su poder sea hegemónico, que a Evo se le suba a la cabeza el poder y se crea un mesías todopoderoso que puede hacer y deshacer a su antojo al país... Ese es mi temor. Quisiera que exista algún tipo de equilibrio político, votar por la oposición para que llegue al Congreso, pero al ver la cagada de opciones al frente (Manfred-Doria Media y sus secuaces) me dan ganas de llorar. ¿Voto en blanco? ¿Voto por Rime, por Joaquino quizás?
Estoy seguro de que muchos están en esta misma encrucijada. Y que sólo el domingo, frente a la papeleta, en la soledad del aula, se tendrá que dirimir esta balanza individual.

martes, diciembre 1

SANTA CRUZ, AGOSTO DE 2005

El siguiente es un fragmento del texto que el escritor mexicano Jorge Volpi publicó en el periódico español El País sobre América Latina. El título del documento es El insomnio de Bolívar.

2. A vuelo de pájaro
Santa Cruz de la Sierra, agosto de 2005
Cuando les confieso a mis amigos mexicanos que me dispongo a
pasar unos días en Santa Cruz, sus rostros no ref lejan asombro:
simplemente no tienen la menor idea de dónde se encuentra ese
sitio y carecen de cualquier tópico al cual aferrarse. Con ese nombre
evangélico y castizo bien podría ser un pueblo remoto de
Guatemala, Venezuela o el propio México. Ninguno imagina que
se trata de la ciudad más boyante de Bolivia porque ningún otro
mexicano que conozca, salvo un par de curtidos diplomáticos, ha
pisado jamás su territorio. Lo reconozco: hace apenas unas semanas

estuve por primera vez en La Paz y Cochabamba, invitado a un
congreso por mi amigo Edmundo Paz Soldán —el Dante de las
letras bolivianas, decía con cálida sorna Roberto Bolaño—, y hasta
entonces tampoco sabía nada de Santa Cruz de la Sierra. Ni, para
el caso, de Bolivia. Para mis compatriotas dirigirse allí resultaría
tan exótico como viajar a Kazajstán, Botsuana o la Luna. La comparación
no es exagerada: La Paz bien podría pertenecer a otro
planeta. Enclavada en el fondo de una olla rojiza en el corazón de
los Andes, a más de 3.000 metros de altura, rodeada —sería mejor
decir sitiada— por las agrestes barriadas de El Alto, con salientes
rocosas que lo asaltan a uno en cualquier bocacalle y una organización
urbana que no es tanto caótica como extraterrestre, la
capital del país no se parece a ninguna otra urbe que conozca. Aquí
los conquistadores y después los gobernantes criollos no se instalaron
en las colinas, sino que prefirieron establecerse en medio de
esta trampa mortal sin prever que con el tiempo los suburbios y
chabolas terminarían por acordonarlos. Pocas ciudades tan fáciles
de asfixiar como ésta: basta bloquear con unas cuantas piedras las
cuatro o cinco vías que conducen a la hondonada donde vive la
clase media y alta, como en efecto hicieron las tropas cocaleras de
Evo Morales en 2003, para aislar a sus habitantes del mundo exterior.
La consecuencia fue la prevista: el impetuoso presidente Goni
Sánchez de Losada envió a la fuerza pública a romper el sitio con
el trágico saldo de varios muertos y decenas de heridos, abriendo
las puertas para que este país abrumadoramente indígena contase
por primera vez con parlamentarios incas y aimaras y, a la larga,
con un presidente de esta etnia, el propio Morales.
Pero ahora no pretendo analizar el nuevo indigenismo latinoamericano,
sino dejar constancia de mi viaje a Santa Cruz, esa
ciudad remota, tan distinta por no decir opuesta a La Paz, esa ciu-
dad plagada de nuevas construcciones, casinos y antros de juego
que no oculta su inesperada riqueza. Los cruceños se distinguen
por ser industriosos y avaros —un poco como los regiomontanos
de México o los catalanes— y las mujeres, blancas o morenas claras,
tienen la obvia fama de ser las más hermosas del país. Aunque
pasé diez días en aquellas tierras, bastante más de lo previsto, no
recuerdo ningún rasgo distintivo de este lugar enclavado en el
corazón mismo de América del Sur. Y quizás esta falta de señas
de identidad sea su rasgo distintivo: una ciudad moderna, estable,
funcional, no demasiado hermosa ni folclórica, sin apenas centro
histórico o edificios coloniales, una ciudad normal, vamos, lo
cual es ya una anormalidad en esta parte del mundo. Al llegar me
entero, sin embargo, de que en unos cuantos días está programada
una huelga general. El objetivo es, como de costumbre, protestar
contra las políticas centralistas de La Paz, la distante capital que
es percibida como una amenaza indígena frente a la orgullosa
tradición criolla de Santa Cruz (y eso que todavía quedan lejos
la presidencia de Morales y las reivindicaciones autonomistas de la
provincia). Paso unos días apacibles deambulando por las calles y
mercados de la ciudad, sin mucho que hacer, en espera del gran
día. A diferencia de mi país, donde las huelgas se han extinguido
gracias a la dócil corrupción de nuestros líderes sindicales, aquí
todo el mundo se toma la cosa muy en serio. Una huelga general
es —nadie lo creería en México— una huelga general. En otras
palabras: nadie trabaja y, lo más sorprendente, nadie puede salir a
la calle en automóvil bajo amenaza de terminar con el parabrisas
apedreado. Como adelanto de lo que habrá de pasar en mi ciudad
en poco tiempo, toda Santa Cruz se convierte, por un día, en
espacio peatonal. Los niños juegan futbol en los bulevares, se instalan
puestos de comida en las esquinas, la gente se conforma sin
dificultad a esta brusca modificación de sus costumbres. Finaliza
el inaudito día de fiesta y los cruceños vuelven a sus casas. Poco
a poco la cadena de protestas cívicas, paros y huelgas dejan de ser
percibidos como interrupciones o molestias y se convierten en la
única vida cotidiana posible en América Latina.

jueves, noviembre 26

LOS OSCUROS SECRETOS DE LA IGLESIA

En vez de estár metiéndose en política, la cúpula católica debería gastar sus energías y dinero en castigar a los violadores con sotana que se pasean por sus iglesias.
La siguiente es una nota publicada en el periódico El País, de Madrid.

"La Iglesia Católica irlandesa ocultó abusos sexuales a menores durante décadas. El ministro irlandés de Justicia, Dermot Ahern, ha presentado hoy un informe cuyas conclusiones aseguran que la connivencia entre la jerarquía eclesiástica y las autoridades del Estado, entre ellas la policía y la Fiscalía, sirvió para proteger a los curas pederastas y evitar escándalos. Las autoridades ayudaron a cuatro obispos dublineses a esconder los abusos de los sacerdotes de la archidiócesis de Dublín, que tuvo inmunidad para delinquir, según el informe que ha elaborado la juez Yvonne Murphy.
Aunque ha habido varios casos relevantes sobre abusos sexuales de sacerdotes a menores en el país, el que más conmoción ha causado hasta la fecha es el recogido en el llamado Informe Ryan, divulgado el pasado mayo por la Comisión Investigadora sobre Abusos a Menores. El texto es un catálogo de "sistemáticos" abusos sexuales, físicos y psíquicos cometidos por sacerdotes, monjas y personal seglar durante más de 60 años contra miles de menores en instituciones estatales gestionadas por la Iglesia".

miércoles, noviembre 18

BASCOPÉ, EL CINEASTA DE LOS MILAGROS

Nació y se crió en “El Alto cruceño”, el Plan Tres Mil. Un inesperado hallazgo le llevó a cumplir su sueño: ser director de cine. Su ópera prima, “El ascensor”, ha sido elogiada. Se exhibe en la Cinemateca.
Primer milagro: Dios se aseguró de que Tomás Esney Bascopé se convierta en cineasta. Así lo asegura este cruceño de 28 años, al recordar cómo fue que cumplió su sueño de ingresar al mundo del séptimo arte.
“Acababa de terminar la carrera de Comunicación. Andaba sin plata, sin trabajo y con mi anhelo de estudiar Cine. Tenía mis dudas sobre el futuro. Tenía la idea de ser director, pero lo veía como algo imposible por el tema de formación. El 2007 La Fábrica —escuela de cinematografía— llegó a Santa Cruz y, a pesar de no tener ni un centavo, decidí arriesgarme y me reservé uno de los pocos cupos. Un día sucedió el milagro: encontré 900 dólares tirados en la calle. No lo podía creer. Corrí a La Fábrica y pagué mi primer semestre de estudio”.
Dos años después de aquel acontecimiento, Bascopé ha sorprendido gratamente a la crítica y al público con su ópera prima, El ascensor, considerada como una de las mejores propuestas fílmicas realizadas en el país —cerca de 20— este año.
Nacido y criado en el llamado “El Alto cruceño”, el Plan Tres Mil, este actor de teatro aún digiere la buena acogida que ha tenido su película. “La falta de recursos me impidió seguir mis estudios de Cine. Sólo pude culminar el semestre. Por eso El ascensor no es más que un ejercicio cinematográfico para poder seguir, de forma práctica y autodidacta, mi formación de cineasta. Apenas estoy empezando, he visto muchos errores, pero creo que la gente ha destacado más las virtudes del filme y eso para mí ya es un éxito de grandes dimensiones. No esperaba tanta buena crítica”.
Con todo, la ola de comentarios positivos no se refleja en la venta de entradas. “Hay que reconocerlo, no nos está yendo bien en las taquillas... Es imposible competir contra gigantes como el filme de Michael Jackson”.

El asalto al guionista
Segundo milagro: Tomás Bascopé salió ileso de un violento asalto. Este hecho marcaría el inicio de la producción del guión de El ascensor. “Una noche volvía a mi casa, en el Plan Tres Mil, y unos tipos se acercaron, me cegaron, me golpearon y me asaltaron. Me invadió la bronca y la impotencia, quería hablar de los asaltos, criticar desde el trabajo audiovisual la inseguridad ciudadana en Santa Cruz. Pero mientras hacía el guión me puse a reflexionar que el asaltante es alguien que en algún punto de la vida podría haber sido tu amigo. No tomamos en cuenta al ser humano que está detrás de la máscara de maleante. Y eso me movió a desarrollar el texto de la película”.
La escritura de guiones es parte de las habilidades de Bascopé, quien estudió en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. Sin embargo, las puertas de productores de televisión y de audiovisuales siempre se mantuvieron cerradas para su trabajo.

En “El Alto cruceño”
Tercer milagro: Un joven productor lee el borrador del guión de Tomás Bascopé, reúne 90.000 dólares y así nace El ascensor. “Le entregué (a Jorge Sierra) las 70 páginas el 2007, en Año Nuevo y las cosas se fueron dando poco a poco. A mediados de agosto del 2008 se inició el rodaje. El primer día de trabajo no podía creer que yo estuviera filmando mi primera película”.
Ahora suenan distantes las palabras que Bascopé escuchó decir una y otra vez a su padre: “Deja de pensar en esas huevadas de estudiar Cine”. En cambio ahora perviven con más fuerza las vivencias que este cineasta cruceño de 28 años acumuló en su hogar: el Plan Tres Mil.
“Vivir en el Plan me da una visión más completa de lo que es el país. Ahora se discute falsas visiones de oriente y occidente, cuando en el Plan se unifica al país. Aquí conviven gentes de todos los lugares de Bolivia. En mi colegio tenía compañeros de Potosí, Oruro y Chuquisaca. Así que siento que mi mirada, en ese sentido, es más general que simplemente la de un camba más. Y así espero que todos mis trabajos sean influenciados”.
Bascopé, alterna hoy su trabajo en la Ferroviaria Oriental —donde dirige un proyecto de Responsabilidad Social Empresarial, a través del teatro— con la puesta en marcha de su nuevo trabajo fílmico Las víctimas.

JAVIER BADANI/TENDENCIAS

lunes, noviembre 9

PECADORES

“Eres un pecador incorregible”, me dije. “Ya viene siendo hora de que salves tu alma de los infernales tentáculos de Satán”, me convencí. Y entonces comencé a andar la ciudad en busca de un lugar para la expiación de mi penitente ser y, por añadidura, de un espacio futuro en el reino celestial (con 100 metritos cuadrados me conformo) para instalar mi computadora, conectarme a internet y chatear desde las alturas con la manga de pecaminosos amigos que, de seguro, terminarán en tierras muchísimo más cálidas.
Comencé mi travesía por las iglesias católicas, pero estaban atiborradas de candidatos a las elecciones generales de diciembre. ¿Qué pensará el Santísimo al verlos allí? ¡Taaan santitos que se ven los pobres querubines! Me acomodé en la última fila, tratando de esquivar las banderas proselitistas y a sus seguidores. De rato en rato creí escuchar salir desde el púlpito mensajes políticos. Y como a mí la política me provoca alergias, al igual que sus camaleónicos personajes, decidí persignarme y salir rajando.
Me dije: “Man, la moda manda”. Y si de fashion se trata, pues allí están las agrupaciones evangélicas. Mucho más modernas, con trato personalizado, con sus bandas de música, sus pasitos divinos y su gente “bien”.
Claro, más que buscarlos a ellos, ellos me encontraron. Porque están por todas partes, en especial allí donde la Santa Madre Iglesia ha decidido no estar: zonas populares como la Buenos Aires y la Garita de Lima o barrios periurbanos como Ovejuyo, donde se alzan hasta cuatro sectas distintas en una sola avenida, todas en locales comerciales (por qué será, ¿no?).
Visité a Los Profetas del Nuevo Judá, la Iglesia de los Ángeles del Yetsemaní y la Legión del Jericó Andino. En una semana mi búsqueda de salvación me llevó a la ruina. “Agua bendita del Jordán para lavar el alma”, $us 50; “Astilla de la cruz para pinchar los malos pensamientos”, $us 20; “Diezmo y ofrenda para que la palabra de Dios ilumine la oscuridad en Papúa Nueva Guinea”, Bs 100...
Ni modo —concluí— si los pobres ya estamos destinados a poblar los terruños de Supay, entonces pecaremos nomás.

*Javier Badani Ruiz,es periodista y pecador.
Publicado en la Columna sindical de La Razón

domingo, octubre 25

TRES MIRADAS EN ROJO AMARILLO Y VERDE

Boulocq apuesta por la intimidad en Rojo
Liliana Carrillo V.,periodista
Desde su ópera prima, Lo más bonito y mis mejores años, Martín Boulocq ha construido su cine en la exploración de mundos individuales. Rojo refuerza esa búsqueda. Un mujer con cáncer. Un hombre que ama a la mujer con cáncer y el miedo como barrera entre ambos. Esos son los elementos que arman la trama del corto. En los roles protagónicos, dos actores de teatro: Patricia García, sólida pero sin la convicción que transmite en la
s tablas, y Daniel Aguirre, que aquí es capaz de crear complicidades. Al reparto se suma el escritor Ramón Rocha y actúa, aunque su papel se restringe a tomar un “caj” y llevar en brazos a una niña.
En Rojo hay sobre todo una atmósfera de deseperación, un augurio de sangre. Boulocq recurre a primeros planos, a tomas largas, a juegos de espejos para transmitir el temor de Pilar, así se llama la protagonista. Su historia apenas tiene contexto, acaso no lo necesita.
No es casual que el guión sea resultado de la complicidad de Boulocq y Rodrigo Hasbún. Cineasta y escritor son parte de una generación que hace su obra a partir del descreimiento postmoderno y que conoce su oficio (el texto del narrador tiene partes sobresalientes).
Rojo no es un film grato, agobia. No es ágil, aburre. Su mérito es indagar en intimidades y no es fácil verse desnudo.


Amarillo, una metáfora visual sin resolución
Javier Badani Ruiz, periodista
El oficio de Sergio Bastani es la imagen. Y en ello es todo un artista, como lo demostró en El jardín de las rubias, en 2008. Sin embargo, al apreciar Amarillo concluí que una cosa es concebir desde la experimentación artística un videoarte y otra, muy distinta, llevar este recurso al cine.
Amarillo, dirigido por el tarijeño, cuenta con instantes de ensueño, óleos visuales que invitan a volar. Quizás demasiado. Bastani se pierde en el uso de metáforas y simbolismos a través de la imagen, que no encuentran una propuesta narrativa de la cual el espectador pueda asirse. Esto, en cambio, no sucede en las propuestas de Martín Boulocq y Rodrigo Bellot, que cuentan con una trama, característica del lenguaje del cine.
En Amarillo, la historia se muestra encriptada para el público. Lo evidente: un niño (Santiago Rozo) se esconde en la parte trasera de un camión, alejándose de su casa. Por alguna razón baja del vehículo, luego de un largo viaje. En su travesía de regreso descubre un universo andino.
Sin embargo, lo evidente se torna confuso a la hora de evaluar el conjunto. La falta de diálogos no aporta en esta ocasión y obliga al espectador a intentar adivinar las intenciones narrativas que propone la pieza, a encadenar a la fuerza las imágenes para entender qué se quiere decir. Una obra cinematográfica no debería necesitar una explicación fuera de sí misma. Ésa es una tarea pendiente para el director.

Rodrigo Bellot exhibe su madurez en Verde
Mabel Franco, periodista
Rodrigo Bellot ha construido un guión lo suficientemente sólido como para permitir que los personajes, en los 30 minutos que dura el film, crezcan ante los ojos del público, se conviertan en seres de carne y hueso. Tal cual pasa con la historia que, a partir de su singularidad, de su extrema sencillez, permite tantas lecturas como las que ensaye el espectador. Esta última posibilidad no debe entenderse como algo azaroso; es el resultado de la capacidad del cineasta para construir signos que él carga de sentidos y entrega luego en los diálogos, en los personajes, en el paisaje, en los tiempos, en las canciones, en el verde...
Un desamparado joven es acogido por un amigo, que no sólo lo lleva a su casa, donde la madre le hace un lugar, sino que le consigue trabajo en la misma hacienda ganadera de Santa Cruz donde él sirve. Las relaciones, en principio harto amigables, se irán deteriorando. Y el grupo circundante mostrará su enorme fragilidad ante los rumores y los prejuicios. Todo esto, en un mundo machista y en un momento en que la ideas de las autonomías —léase cambio, léase independencia— ocupan a los habitantes de esa parte de Bolivia.
Bellot no sólo confirma su madurez en el oficio, sino que exhibe una mirada crítica sobre su entorno sin caer en panfletos o maniqueísmo. Está además su  ojo para elegir actores: Lorena Sugier, Ismael Suárez y Diego Paesano no pueden ser más convincentes.
Rojo Amarillo Verde fue planteada como una trilogía sobre Bolivia. La bandera que se teje en el principio acentúa esta idea. Resulta interesante que las tres lecturas abran el abanico y muestren que el cine boliviano no tiene por qué ser político o social o algo preestablecido. Puede ser intimista, coyuntural, etc., etc. lo importante es que mueva algo en el espectador.
Nota publicada en la revista Tendencias.

viernes, octubre 23

INSTANTES, EN BLANCO Y NEGRO
















* Fotos: Javier Badani

miércoles, octubre 21

EN EL ARTE nO ToDo VaLE

Crear comida de peces con el cadáver de un criminal condenado a muerte, exponer en una sala a una persona agónica, captar en video el asesinato de un animal... Estas son algunas de las propuestas de los seguidores del shock-art. Su objetivo: atraer la atención del público a través de obras perturbadoras. El shock-art es tan sólo una de las tantas corrientes que han surgido en las últimas décadas, tanto bajo el manto del arte contemporáneo como bajo el impulso, en los últimos años, de nuevos soportes tecnológicos e informáticos.
Estos lenguajes de vanguardia han avivado en el mundo el debate sobre la definición del arte y su discurso. ¿Hacia dónde va la creación artística? ¿Es más importante la técnica que el concepto? ¿Tiene límites el trabajo creativo? ¿Se debe volver la mirada hacia los lenguajes tradicionales del siglo XIX?
Estas reflexiones recalaron en la VI Bienal Internacional de Arte Siart, de la mano de los jurados internacionales que evaluaron los trabajos presentados en este evento, que hasta el 14 de noviembre mostrará en La Paz el trabajo de los artistas contemporáneos de 26 países de América, Europa y Asia.
“En el arte no todo vale. Hay que recuperar el oficio. Observando los trabajos concursantes en el Siart, comprobé la tendencia mundial de los jóvenes artistas de abrirse a nuevos lenguajes de expresión y a nuevas herramientas tecnológicas. Uno de los peligros de esto es quedarse enganchado en la dimensión técnica y no aportar nada más. La técnica tiene que estar al servicio de una idea conceptual. No sirve de nada utilizar nuevas tecnologías dentro de las nuevas expresiones artísticas si no hay un contenido conceptual profundo”, señala el español Dino Valls, quien reivindica el retorno del arte a las técnicas tradicionales para buscar una renovación creativa.
Para la crítica de arte argentina, Margarita Schultz, la discusión principal pasa por el tema ético. “No me refiero a la moral o a la moralina. Me refiero a que el arte no debe caer en la crueldad para exponer una idea”. Schultz recordó al artista Guillermo “Habacuc” Vargas, quien el año 2007 expuso en Nicaragua a un perro agonizante.
Los límites del arte siempre fueron un tema de debate, explica Schultz, quien llegó al país para formar parte del jurado del Siart y para dar talleres, gracias a la Fundación Simón I. Patiño.
“De aquí a cinco años, cuando miremos lo que se hace haciendo hoy, lo veremos como algo normal. La historia lo demuestra. Cuando aparecieron los impresionistas, por ejemplo, fueron expulsados de los salones académicos europeos por romper los cánones de entonces. La clave es equilibrar técnica y ética”.
La irrupción de nuevas tecnologías en el ámbito de la creación artística centra ahora la atención de la crítica. El trabajo con soportes digitales e informáticos crece en una proporción geométrica.
Artistas como el chileno Gonzalo Mezza, por ejemplo, suben a internet sus obras para permitir que cualquier internauta intervenga en ellas. Mezza da la posibilidad a las personas de cambiar los colores, añadir textos o separar la pieza en secciones. “Esto representa un cambio de concepción en la idea de autor. Lo que se llama la autoría, aquí se desvanece. El autor aquí es un colectivo”.
Otros creadores recurren a la robótica, como el colectivo argentino Biopus que en una exposición utilizó un robot para que, a partir de piezas de desecho que el público escogió, forme figuras.
Para el español Dino Valls, el uso de estos nuevos lenguajes, como también aquellos impulsados por los formatos audiovisuales, pueden llegar a distorsionar la propia esencia del arte.
“Hay una falsa creencia y el deslumbramiento por las nuevas tecnologías, pensando que es el único lenguaje que el artista contemporáneo puede contemplar. Ése es un error que muchas veces lleva a los jóvenes artistas a centrarse en la técnica y no en el concepto”. El crítico de arte evidenció esta tendencia en los trabajos presentados en el Siart.
“Hay que volver a abrir la posibilidad de desarrollar las técnicas que históricamente han funcionado desde el siglo XIX; incluso para volverlas del revés, no para copiarlas. Usarlas como base para nuevos aportes. Hay que abrir terreno para que se vuelvan a desarrollar esas técnicas, abandonando el prejuicio de que no son contemporáneas”.
Valls apunta a que los grandes cambios dentro del arte han venido mediatizados por directrices económicas. “La principal aportación en el arte del siglo XX fue el mercado del arte. Hizo cambiar y crear una preponderancia de unas vanguardias sobre otros métodos de trabajo”.
El paceño Roberto Valcárcel, el único boliviano en el jurado de la Bienal, señala que el uso de las técnicas del arte contemporáneo están siendo usadas a la ligera.
“A veces se cree que porque se agarra un video y se graba un rato ya se obtiene una obra de arte. Eso no es así. El medio del arte contemporáneo que utilices (videoinstalación o performance, entre otros) no te garantiza calidad artística. No sólo hace falta que la gente asuma aspectos superficiales y formales del arte contemporáneo, sino que comprenda que detrás de eso hay cosas más profundas e interesantes de lo que la obra propone”.
“El arte contemporáneo aparentemente es bastante atrevido, informal y sumamente irreverente, pero en el fondo responde a postulados profundos que el artista tiene que saber”.
Para el artista paceño, una de las falencias en Bolivia se centra en la falta de una base teórica. “El gran ausente es el aspecto de la lectura. La gente no lee teoría del arte contemporáneo y no se entera de sus postulados. El artista maneja de manera intuitiva herramientas como la videoinstalación. Me atrevo a decir que en Bolivia no hay una sola buena librería de arte contemporáneo”, señala Valcárcel.
Apunta, asimismo, a una confusión entre ilustración y arte. “Los jóvenes tienen una tendencia al barroquismo, a hacer una ensalada a nivel visual y de ideas. El arte contemporáneo consiste en hacer condensaciones a nivel del sentimiento e intelectual. El artista, a través de la creatividad, debe proponer y postular nuevas miradas sobre el mundo”.